Quería compartir con ustedes un artículo del diario que me pareció particularmente interesante, especialmente porque nos concierne a todos.
la prof de français.
Sociedad | Domingo, 26 de octubre de 2014
NICHOLAS CARR, EL ENSAYISTA TECNO-ESCEPTICO QUE LEVANTA POLEMICA
Los peligros de la revolución digital
Cada vez las personas delegan más en la tecnología, que guía sus pasos, relaciones, trabajos. Carr alerta sobre la “complacencia automatizada”: confiar en que la máquina lo resolverá todo mientras se deja la atención a la deriva, lo que merma las capacidades del individuo.
Por Joseba Elola *
Desde Madrid
En la primavera del año 1995 el transatlántico Royal Majesty encalló, inesperadamente, en un banco de arena de la isla de Nantucket. A pesar de estar equipado con el más avanzado sistema de navegación del momento, hundió el morro en esta isla situada a 48 kilómetros de Cape Cod, Massachusetts, en Estados Unidos. Procedía de las islas Bermudas y se dirigía hacia Boston, con 1500 pasajeros a bordo. La antena del GPS se soltó, el barco fue desviándose progresivamente de su trayectoria y ni el capitán ni la tripulación se dieron cuenta del problema. Un vigilante de guardia no avistó una importante boya junto a la que el barco debía pasar, y no informó: ¿cómo se va a equivocar la máquina? Afortunadamente, el accidente no produjo heridos.
El prestigioso ensayista norteamericano Nicholas Carr utiliza este episodio para ilustrar hasta qué punto depositamos la fe en las nuevas tecnologías, que no siempre resultan infalibles.
En algunos casos, pueden arrastrarnos a lugares a los que no queríamos llegar.
En su nuevo libro, Atrapados: cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas, Carr, de 55 años, explica que hemos caído en una excesiva automatización, proceso mediante el cual hemos externalizado parte de nuestras capacidades. La tecnología guía nuestras búsquedas de información, nuestra participación en la conversación de las redes, nuestras compras, nuestra búsqueda de amigos. Y nos descarga de labores pesadas.
Todo ello, poco a poco, nos conduce a lo que Carr denomina complacencia automatizada: confiamos en que la máquina lo resolverá todo, nos encomendamos a ella como si fuera todopoderosa, y dejamos nuestra atención a la deriva. A partir de ese momento, si surgen problemas, ya no sabemos cómo resolverlos. (seguir leyendo)